jueves, 13 de octubre de 2011

Retrato de cordialidad

- ¡No, no y no! – tronó por todo el pueblo despertando a los vecinos.

La campaña electoral se había vuelto muy dura, desde el principio comprendí que el haberme metido de lleno en la política iba a acabar conmigo. Todo comenzó tres semanas antes de las elecciones cuando, tras haber sido designado como candidato, las cosas no empezaron del todo bien. Se pegaron los primeros carteles con mi cara, o al menos eso era lo que yo pensaba, porque ni siquiera mi mujer me había reconocido.

- …gensanta, Rufino… ¡Ni de joven te parecerías! – espetó tras un largo silencio mientras los tres tontos (mi mujer, mi hijo con la boca abierta y yo) mirábamos hacia arriba en el panel de los carteles electorales.

El apoyo por parte del partido no había sido demasiado complicado, el resto del pueblo estaba tan quemado de los políticos que nadie se prestaba a un cargo. De hecho, cuando me acerqué a la sede y postulé mi idea para ser candidato cerraron las puertas con llave y lloraron de emoción mientras me daban palmaditas en la espalda. Ahí comprendí que algo iba a pintar mal.

Me recomendaron que lo mejor para entablar afinidad con mis vecinos era intentar acercarme a ellos. Yo, Rufino, la persona más rara del mundo. Rufino, quien quitó el timbre de la puerta para que no le molestaran ni los carteros. Tuve que hacer frente a expandirme hacia los demás, a ser el más sociable, educado y dicharachero de todos los candidatos. No era nada fácil.

Sentado en el inodoro me hice una lista de los lugares por donde debería pasar para darme a conocer como quien no quiere la cosa. Allí apunté todos: la esquina del bar de Narciso -lugar de peregrinación de los más sabios y catedráticos-, la plaza del pueblo –tertulia de materia internacional- y el parque –congregación de padres y madres-. Además, toda una ristra de frases por las que comenzar una conversación con la que ir encauzando el mitin informal. Desde el “oye Fulanito, ¿tu padre cuánto hace que murió?” hasta el “como siga lloviendo no vamos a poder echar el nitrato”. A partir de ahí todo sería coser y cantar.

Recibí del partido una guía fácil y rápida sobre consejos para ser un buen candidato, fui señalando los que más me gustaron y que yo creo que se adaptaban mejor a mi entorno, todo era cuestión de irlas metiendo en la conversación:

- “Empieza a hablar con tono cordial y, cuando se trate de algo problemático o de especial interés, muéstrate en contra de ello y eleva el tono de voz para reafirmarte”. Ésta era muy buena, el problema es que a veces me olvidaba y empezaba gritando el buenas tardes.

- “Promete todo lo que puedas, que luego ya si eso ya… ejemplos: polideportivo, mobiliario para las calles, paseo marítimo…” El polideportivo ya estaba hecho, pero bueno, sería cuestión de prometer uno nuevo, con más luces, con más balones, en un nuevo sitio o, si hacía falta, encima del que ya hay; los mobiliarios para las calles habían sido puestos hacía unas semanas por el último partido con tal de contentar a los vecinos pero, si hacía falta prometería cambiarlos de nuevo por otros más bonitos; y lo del paseo marítimo, quizás debería ir prometiendo primero el mar y luego ya veremos según el presupuesto que nos quede.

- “No olvides de la importancia del voto de los jóvenes, las mujeres y las personas mayores, de sobra es conocido que mueven masas”. Para codearme con los jóvenes empecé a comprar ropa juvenil, adopté un lenguaje pseudo-adolescente y me moví entre los botellones buscando complicidad. Quizás si hubiera tenido aquellas drogas tan raras que pensaban que vendía me hubiera sido más útil. Para las mujeres acudí al barato y me paraba en los puestos de ropa interior, el problema es que me ponía muy nervioso ante tanta mirada perpleja y sutil de las féminas de mi alrededor, sobre todo cuando disimulaba hurgando entre braguitas y sostenes, por lo que huían de mí con sólo decir perdone. Con las personas mayores fue lo más complicado, es difícil cambiarle las ideas a alguien que tiene tanta experiencia y unos ideales encerrados con llave.

Lo más negativo de todo era intentar debatir los aspectos del pueblo con los propios vecinos, sobre todo aquellas cosas que yo mismo sabía que se habían realizado correctamente pero que, por necesidad y obligación, yo debía posicionarme en el punto contrario. Conforme pasaban los días me despertaba a altas horas de la madrugada empapado en sudor, gritando ¡sosmentira! y dando alaridos incomprensibles como un poseso. Por las mañanas era peor, en el desayuno ensayaba las charlas y los mítines que iba a repartir sin ton ni son durante el resto del día. Mi mujer y mi hijo se negaron al segundo día a ser supuestos votantes, por lo que tenía que practicar hablándole a las fotografías, al paragüero, a la mesita de noche, a la pata del jamón,…

- ¡Mamá, mamá! ¿Qué le pasa a papá?

- Que está más quemao que el mapa de Bonanza…

La jornada de reflexión y el día de la votación estuve en un profundo shock. No pude ni siquiera salir a ejercer mi derecho al voto. La verdad es que no pude salir ni siquiera del cuarto de baño. La larga espera no se hizo de rogar y, en los resultados que se conocieron ya muy adentrada la madrugada, me otorgaron la elección como alcalde por una amplia mayoría. Lo que pasó luego, ya lo saben desde el principio.

Juanjo Sánchez

lunes, 23 de mayo de 2011

La otra mirada de Arbide

Hay personas que por defecto tienden a almacenar todo lo que para ellos ha tenido un significado. Desde algunas palabras sueltas en trozos de papel hasta aquél regalo tan ínfimo pero valorado que nos concedió una mano inocente. Quizás pensamos que el hecho de guardar provocará una emoción en un futuro quizás no muy lejano, una utilidad, un entretenimiento en esas tardes vacías y perdidas del verano o un algo que enseñar a nuestros descendientes. Es posible que eso fuera lo que le ocurriera al polifacético Joaquín Arbide (periodista, actor, director de teatro, escritor, director de cine,…). Desde sus años mozos, la época de la Tetuán en sus últimos coletazos españoles, hasta bien entrada la democracia, Arbide presentaba maneras de escritor. Relatos, impresiones, anécdotas, pre-guiones cinematográficos, ideas de posibles best sellers,... Todo lo que salía de la estilográfica del autor pacense de nacimiento quedó guardado en carpetas que permanecieron en el olvido. En aquél cajón que se prohibe abrir, la repisa que no aguanta más libros, viejos y encantados escondrijos en armarios empotrados,… aquellos lugares donde se almacena lo que no nos es útil para el momento, allí estaban las carpetas. Esos papeles que salen a la luz para pintar la habitación. Así se reencontró Arbide con su pequeño tesoro. De la estilográfica a la brocha gorda. Del pequeño retal de papel al añejo trozo escrito.

Han pasado muchos años hasta llegar a decir que “me avergüenzo de lo mal que escribía”. Sin embargo, todo quedó recopilado en el último libro de Joaquín Arbide, La otra mirada. Esa mirada de la veteranía, la sabiduría y el buen hacer que atañe a quien disfruta de los setenta años enfrentada con la visión del joven que prevé comerse el mundo, pero que en el fondo se sigue emocionando de la misma manera cuando Joaquín Durán (director de Canal Sur Radio) lee por sorpresa una crónica cofrade de su hermano de nombre.

Un Arbide que no duda en romper a contar experiencias, a dar consejos, a reir. Que aún queda mucha guerra por dar. Que cualquier tiempo sevillano pasado siempre fue mejor. Que Joaquín Durán y José María Toro (Guadalturia Ediciones) merecen un mayor protagonismo que el último libro que la editorial publica. Un libro recopilado con retales que, al fin y al cabo, son trozos de toda una vida.

Texto y fotos: Juanjo Sánchez

martes, 5 de abril de 2011

Siete personajes en busca de acción

"El taller" Guillermo Pérez Villalta (1979)

Personajes

C. BAUDELAIRE

C. GREENBERG

D. DIDEROT

OSCAR WILDE

MARGHERITA SARFATTI

AZORÍN

JUAN POSTRADO

La acción transcurre en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo que se encuentra dentro del Monasterio de la Cartuja de Sevilla.

ACTO PRIMERO

HABITACIÓN interior con paredes blancas y de techo alto. La sala está completamente vacía, un solo lienzo en una de las paredes, justo enfrente del acceso. El lienzo, la obra “El taller” de Guillermo Pérez Villalta.

(Todos los personajes entran lanzando una primera mirada al lienzo, mientras se van colocando uno detrás de otro. El orden de entrada coincide con sus edades. Por orden de entrada: Diderot, Baudelaire, Oscar Wilde, Azorín, Margherita Sarfatti, Greenberg y Juan Postrado.)

DIDEROT.- ¡Habrase visto semejante luminosidad!

BAUDELAIRE.- (deambulando y mirando hacia todas las esquinas del techo mientras habla) Paseando me hallo entre paredes blanqueadas cuando, una combinación de azules sin piedad, se cruzaron en mi camino. ¡Oh! Ferviente luz y naturaleza que embriagó aquél que el pincel movía siguiendo la sinuosa inspiración de un mar sereno y cálido.

OSCAR WILDE.- Ante tal grandiosidad arquitectónica cercana al mar, el hombre siempre tiene la duda acerca de la legalidad del proyecto. ¿Por qué me dejaría la ventana abierta?

AZORIN.- ¡Andaría mal parado el teatro español si el autor fuera quien actuase!

MARGHERITTA SARFATTI.- (con aire melancólico y los ojos humedecidos por la emoción) ¡Oh! ¡Mi bella Italia! Por muchos años de exilio que pasé en América, jamás podría equivocarme al ver la preciosa costa mediterránea.

GREENBERG.- (muy enfadado y alzando la voz) ¡Vaya vergüenza! ¡No sólo me traen a Europa contra mi voluntad sino que me mienten al decir que era una exposición pictórica! ¡Esto es fotografía!

JUAN POSTRADO.- ¿Cómo que le han mentido? ¡Es un Pérez Villalta! Es pintura en toda su plenitud. ¡Es posmodernismo!

DIDEROT.- Pos… ¿qué?

AZORIN.- Posmodernismo. Lo que la sociedad necesita para que avance. Debemos pensar en el futuro, en las nuevas corrientes.

OSCAR WILDE.- La ignorancia no está en quién pregunta, sino en quien se calla pensando que posee la respuesta correcta. Además, la sociedad no avanza, lo que avanza son las construcciones hacia el mar.

MARGHERITTA SARFATTI.-¡Oh! ¡Mi dolce Mediterráneo!

GREENBERG.- (interrumpe a la señorita) ¡Su dolce no! ¡Su Duce!

BAUDELAIRE.- Deberíais admirar con mayor delicadeza la sensualidad de las líneas confluyentes ante la pasividad de la temporalidad. Mi espíritu sube tres peldaños y se balancea ante un pasillo tornado de sombras y geometría ataviada de color y vivacidad. El mar es el final de nuestra vida. El camino que toda persona ha de recorrer para encontrarle sentido a nuestra presencia terrenal.

AZORIN.- Y con el mar está… ¡La muerte de Sardanápalo!

DIDEROT.- (con gafas de sol para evitar tanta luminosidad repentina) ¿Por qué pintar todo en un solo cuadro pudiéndolo hacer de forma individualizada?

MARGHERITTA SARFATTI.- Es imposible centrarnos en una sola parte. Si conocieras a fondo Europa verías que es impensable representar una única fracción de belleza cuando, en su conjunto, todo es armonioso y una melodía regulada. Esto no es más que una visión óptica ante el tiempo fugaz en el que nos ha tocado vivir.

GREENBERG.- (con burla) ¿Europa? Europa no nos ha traído nada bueno. ¡Fijaros en las dos Guerras Mundiales! Siempre hemos tenido que ser nosotros quienes encaucen vuestros movimientos.

JUAN POSTRADO.- ¡Lo reciente es la era posmoderna! ¡El futurismo ya se quedó atrás hace ochenta años! Pérez Villalta es lo que a Duchamp es a su tiempo. Pintor, arquitecto y escultor en una misma persona. Deberíais saber que en la sociedad actual lo que importa es ser polifacético. Yo mismo soy crítico, periodista y tengo mi propio blog, mi tribuna virtual.

OSCAR WILDE.- De nada te sirve tener un blog si no sabemos lo que es.

JUAN POSTRADO.- En pleno siglo XXI, la mejor forma de dar a conocer nuestra opinión es a través de internet. Gracias al mundo virtual el público puede interactuar con el creador, con el crítico y conocer todo sobre el arte. Los Salones y las revistas especializadas quedaron en el pasado, eran la única toma de contacto con el arte, sin embargo, ahora internet permite darse a conocer con mayor facilidad y a todo el mundo. ¡Hasta vosotros estáis en él!

BAUDELAIRE.- ¿Nosotros? ¿En ese inframundo? La verdadera contemplación se encuentra en los Salones, es la única forma de admirar a través de la cercanía la majestuosidad de la obra. Cualquier desvinculación con ella no es más que caer en la desidia frívola del abandono, irrumpiendo en el ego del autor. La sociedad, a fuerza de contemplar y de copiar, se olvida de sentir y de pensar.

GREENBERG.- ¿Pero cómo es posible admirar la majestuosidad de la obra si ésta impide cualquier tipo de identificación? Nuestros sentimientos sólo son expresables a través del dibujo, de la fusión de colores, de los trazos, de… ¡la abstracción pictórica! ¡Ni que me hubiera muerto hace tanto tiempo como para que no me entendieseis!

DIDEROT.- ¡Un respeto! Os equivocáis todos. Jamás será digno de admirar la obra de alguien que se limita a reproducir lo innatural obviando la intimidad de la penumbra.

AZORÍN.- Siempre estáis con lo mismo. Discutiendo acerca de algo que no tiene ni lógica ni trascendencia. Debemos elogiar el cuadro tal y como es. Disfrutar de la serenidad que el autor nos está mostrando de su querida Tarifa y compartir con él su visión de la realidad. Tenemos que aceptarlo en su esencia. No estoy dispuesto a seguir alimentando esta conversación que no nos lleva a ningún lugar. Prefiero seguir disfrutando de la exposición por mi cuenta.

(Azorín hace mutis por el foro)

ACTO SEGUNDO

BAUDELAIRE.- ¿Por dónde camina la mente del creador? Acompañando a Pérez Villalta en su hogar, el silencio roto por el mar se adentraba en los más recónditos rincones de la casa. Una luminosidad naciente se proyectaba en un techo carente de límites. Combinaciones perfectas de geometría y color se entremezclaban con una naturaleza trastocada por la inútil mano del hombre ¿Viste qué magníficas vistas del mar y la montaña? ¿Viste todo lo que ha hecho el ser humano por destruirla? Avergonzado se halla el autor detrás de la puerta, sorprendido de tal espanto tras haberlo recogido en el lienzo. ¿Dónde está el ser viviente? ¿Dónde más allá del autor espantado? En ningún lado. Su presencia ha destrozado lo que la naturaleza no podría. Yo, que soy un viejo iracundo, me siento aletargado ante una sociedad que no logro comprender.

GREENBERG.- Jamás podrás comprender esta sociedad porque nunca has vivido en ella. Lamento decirte que los valores sociales cambiaron tremendamente tras tu muerte. La grandiosidad de Europa en el arte decayó considerablemente. Ya no era Francia la gran potencia mundial. Eso quedó muy lejos, mi querido compañero. El crítico ya no debe echarse tantas flores, aunque algunos hayan escrito libros sobre ellas. No somos más que una parte dentro del engranaje del arte, pero tampoco la principal.

DIDEROT.- Francamente, tanto dinamismo me sumerge en un estado mental de enajenación. ¡Semejante osadía la del pintor! Intenta imitar la grandiosidad de Velázquez en “Las Meninas” anulando cualquier otra vida y llenando de luz una composición fría y milimetrada, hasta en el detalle más mínimo. Seguramente no habrá contemplado nunca una obra del gran maestro Chardin. Se daría cuenta de que los cinco sentidos son esenciales para la representación pictórica completa.

MARGHERITTA SARFATTI.- Es inevitable que la luminosidad sea la protagonista de la obra, sin duda, sí que ha puesto los cinco sentidos el autor y a ti te hacen falta para poder disfrutarlo al completo. El hecho de entrar en esta sala y contemplar el cuadro es como si nos hubiéramos transportado a la calidez estival. Las vistas, los colores y la alegría nos hace apreciar el encanto del buen clima. Es como si Escher hubiera sucumbido al orden y a la perfección de las matemáticas, rodeado de una viveza de colores similar a la que Dalí supo interpretar en sus composiciones más realistas. Pero aquí no nos encontramos ante una ensoñación, es la realidad más fiel de Pérez Villalta. El juego con las perspectivas y la profundidad junto a la combinación de colores no tienen nada que envidiar a lo que Van Eyck nos quiso mostrar en “El matrimonio Arnolfini”. El espejo también tiene un papel importante, no es nada sencillo que coincida con semejante certeza la composición de la cerámica del suelo.

OSCAR WILDE.- La mayor parte de significados son artificios de los críticos de arte. La preocupación del autor es la propia expresión del entorno en el que se encuentra y la venta del cuadro, muy por encima de toda la artimaña de rimbombantes valores que vosotros os inventáis. Conforme los años pasen cambiarán los atributos del cuadro o incluso se les verterán muchos más. ¿Quién no os asegura que si en cien años hablásemos con el autor se sorprendería ante la cantidad de improperios y sandeces que hemos cosechado a partir de su obra?

JUAN POSTRADO.- Cierto que el cuadro es digno de admirar pero no se adecua con las actuales exigencias de la sociedad. ¿Dónde está el contacto del espectador con la obra y el autor? Sí, muy bonito y colorido. Mucha profundidad. Pero no hay forma de interactuar con su creador. Seguramente, cuando pasen unos años y el autor haya fallecido, nos acordaremos de él pero mientras… ¿por qué no aprovechamos su experiencia? Si algo nos han traído las nuevas tecnologías, no es sólo encontrar cualquier tipo de información sino poder establecer contacto y lazos entre el artista y los receptores, poder interactuar y combinarlos con medios audiovisuales. Os sorprendería visitar un museo de arte contemporáneo en pleno siglo XXI y ver cómo se entremezclan las imágenes, tanto estáticas como en movimiento, con el sonido, la luz y el propio entorno de la obra. Jamás podréis entender el arte posmoderno porque no os ha tocado vivir en él, es imposible hablar sobre una determinada obra si no conocéis el contexto en el que se encuentra.

ACTO TERCERO

(La sala, con todos los críticos de arte se encuentra en penumbra, destacando solamente la presencia de Juan Postrado que, desde el centro de la sala se dirige directamente al público.)

JUAN POSTRADO.- ¿Qué sentido tiene que estéis todos aquí? ¿Y que esté yo discutiendo con gente a la que sólo he estudiado, que ni siquiera he conocido en persona? De nada me sirve estar aquí hablando con vosotros cuando, por mucho que me empeñe, nunca conseguiréis ver mi visión del arte. Aceptar el posmodernismo. Entenderlo. Os quedasteis anclados en una etapa concreta del pasado. Sentasteis las bases de la crítica de arte cada uno en vuestro contexto pero, mucho ha cambiado desde que los críticos eran respetados por la sociedad e incluso tenían más importancia que el propio artista. Ahora necesitáis labraros mucho mejor vuestra carrera y entender una sociedad que evoluciona a una velocidad de vértigo. Esto no es más que un sueño. Quizás una visita que me hubiera gustado compartir. Pero no es real, tangible, palpable. Es sólo fruto de mi mente abofeteada por un exceso de alcohol y grandes dosis de imaginación incontrolada.

(Se oscurece la figura de Juan Postrado)

TELÓN

Texto: Mª José Gata y Juanjo Sánchez

martes, 15 de febrero de 2011

Los hombrecillos de Millás


Al amparo del Centro Andaluz de las Letras y la Biblioteca Municipal Infanta Elena de Sevilla, el periodista, escritor y contertulio valenciano Juan José Millás visitó la capital hispalense el pasado 26 de octubre con motivo de la presentación de su último libro Lo que sé de los hombrecillos (Seix Barral, 2010). Entre las obras de su creación nos encontramos con un variado panorama literario donde cabe destacar Cerbero son las sombras (1975), El jardín vacío (1977), Papel mojado (1983), Ella imagina (1994), Dos mujeres en Praga (2002) y El Mundo (2007). También ha cosechado prósperamente el género periodístico hasta tal punto que su nombre ha empezado a sonar más fuerte como periodista que como escritor. Sus colaboraciones en periódicos le han servido para publicar Algo que te concierne (1995) y Cuerpo y prótesis (2001). Es un autor bastante ligado al experimentalismo, a hacer una novela muy personal. Dentro de sus creaciones están los articuentos, que como su propio nombre indica es una mezcla a partes iguales de realidad y ficción.

El periodista Manuel Pedraz, que dirige el programa de RNE “Historias de papel”, se encargó de acercar la figura de Juan José Millás a un variado público sevillano, desglosando las claves de Lo que sé de los hombrecillos con descripciones que, unidas a la prosa del autor, tiznaron de fantasía los rincones de la biblioteca hispalense.


El argumento de la obra se centra en la figura de un catedrático de economía que imparte clases en la universidad y que a la vez es articulista. Su vida al parecer puede resultarnos un poco aburrida, nada más lejos de la realidad. Aunque está casado vive en lo que se podría catalogar como un matrimonio infeliz, caracterizado por una relación tortuosa donde imperan las cuestiones administrativas y en el que no tiene cabida el elemento sexual. Este hombre se refugia en sus hombrecillos, seres imaginarios que le ayudan a sobrevivir a un mundo lleno de cosas normales y alejado del delirio. Fue éste y no otro el que se alzó como protagonista de la charla. Los allí presentes pudieron oír de viva voz del autor su percepción del delirio como algo normal y muy vinculado a la creación. Sin delirio no seríamos seres creadores de cultura. Hizo hincapié en la visión que comúnmente tenemos del delirio como locura, pero no es así, “los seres más delirantes son los niños y a estos se les pone freno cuando son demasiado imaginativos. Dan miedo a sus padres. Además el sistema educativo está diseñado de tal manera que construya a personas normales”. Juan José Millás confía en que no hay que reprimir el delirio sino “convivir con él” como hace el protagonista de su novela, porque si el delirio no llega a lo patológico es muy creativo. De hecho, no duda en afirmar que debemos reconocerlo, ya que forma parte de nuestra realidad, de hecho, “sin delirio la vida sería absolutamente aburrida, una peste” y gracias a él nació “la teoría de la relatividad”, lejos del raciocinio.


Donde no cede es en el pensamiento continuo de que todos somos dos, somos bipolares. La mayoría sabemos llevarlo sin que forme parte de algo patológico. Millás investiga en las relaciones personales y dicta: “Vivimos en un mundo en el hablamos continuamente de lo que ocurre pero no de lo que nos ocurre”. “Los seres humanos somos muy complicados” y es que “queremos una cosa con la cabeza y otra con el corazón”. El ser humano siempre está supeditado a su subconsciente, una especie de “caja negra” en la que se guarda la vida que llevamos y no nos gusta con la que queremos tener y no tenemos.

El también periodista recordó una etapa de su vida en la que se encargó de hacer un reportaje sobre bipolares, donde se pasa de la más absoluta euforia a la decadencia más profunda, en cuyo recuerdo tuvo cabida el relato de una anécdota. El escritor comía con un amigo suyo también escritor en Bogotá y salió el tema de los bipolares. Su amigo aprovechó para confesarle que su madre era tratada con antidepresivos por su bipolaridad y a raíz de ello, en una ocasión cuando dejó la medicación la encontró en la azotea con la maleta hecha esperando a los marcianos. Tras un forcejeo, ella le bombardeó diciéndole: “¿Tú le pedirías a Superman que fuera el idiota de Clark Kent toda la vida?” Y no dudó en realizar una lista de seres bipolares, desde Dios hasta la mayoría de líderes latinoamericanos.



Millás en definitiva trajo a la ciudad unos aires nuevos y sacó unas risas a los asistentes sobre todo cuando pronunció: “Si hay dos cosas que mueven el mundo son el sexo y la plusvalía”, como consecuencia de la intervención de un lector en la que relacionaba los derechos de autor y la plusvalía en un contexto bastante alejado del tema que se estaba tratando.

Texto: Mª José Gata / Juanjo Sánchez
Fotos:
Juanjo Sánchez